Síntomas de la pobreza mental




Pobreza mental. El término surge de vez en cuando en discusiones profesionales y hasta familiares, aunque no todo el mundo tiene claro su definición y alcance. Personalmente definiría la pobreza mental como el conjunto de actitudes y pensamientos negativos que algunas personas adquieren y mantienen en el curso de sus vidas, pese a que pueden tener un efecto contraproducente en su desarrollo personal, profesional y financiero. Aquí un breve listado de estas actitudes y creencias negativas que -considero- síntomas de este mal:

El complejo de víctima: Es la actitud o excusa mas fácil para evadir la responsabilidad personal en nuestro progreso. Quien lo padece, generalmente, se esconde detrás de frases como: “¿cómo avanza uno en este país?”, “el jefe me tiene mala fe”, “¿estudiar? ¿para qué, si me van a pagar cheles?”, y un largo etc.

La búsqueda indebida de ventajas: Continuamente está buscando cómo sacar ventajas del entorno, a veces cayendo en el delito. Lo vemos en empresas con empleados que hacen uso abusivo y personal de los recursos asignados, como tarjetas de crédito corporativas, vehículos o teléfonos celulares. También, con los viáticos y dietas de viajes, materiales gastables o manejos de las cajas chicas. No es sorpresa que los despidos sean cíclicos en su vida laboral. En el entorno familiar esto se manifiesta cuando fingen o exageran alguna condición de salud con el fin de obtener dinero u ayudas de los demás familiares.

Mal agradecido: El afectado de pobreza mental muestra poca o ninguna valoración por los beneficios o ayudas que recibe de sus parientes y amigos o en su lugar de trabajo. Suele protagonizar historias en que el empleado que fue despedido por robo o renunció sin avisar luego de haber sido asistido generosamente por su empresa mientras atravesó alguna situación familiar o de salud difícil. Son casos bastante comunes.

Irresponsabilidad ciudadana: El pobre mental tiende a creer que es merecedor gratuito de todo, no es raro oírlo jactarse de cómo consiguió tal o cual servicio sin pagar o como se está robando algún servicio público (electricidad, agua, recogida de basura, etc). No es consciente de que a la riqueza se llega planificándola y creándola, no dejando de pagar responsabilidades.

Falta de visión: En su lugar de trabajo solo se limita hacer lo que se le pide sin proactividad, reniega de cualquier nueva asignación, no se interesa por el trabajo de su superior ni de nadie. No ve que toda nueva asignación es seguridad y oportunidad laboral para él y que mientras más sepa hacer las tareas de su superior, tiene mayor probabilidad de ser el candidato ideal para sustituirlo. Si trabaja independiente, usualmente es grosero con los clientes, quiere abusar con los precios, no invierte en equipos, quiere que el cliente se adapte a él y nunca contempla la posibilidad contraria. La pérdida de clientes es una constante en su ejercicio “profesional”.

Alérgico a la capacitación: El pobre mental entiende que nació sabiendo y no es raro que rechace todo tipo de capacitación y que sus hábitos de lecturas sean escasos o inexistentes. Irónicamente, entiende que está capacitado para ocupar altos cargos directivos para los cuales no tiene la menor experiencia ni capacidad, lo cual lo mantiene en un eterno círculo de frustración y retroceso.

Lo grave de la pobreza mental es que tiende a heredarse, ya que la adquisición de todas estas creencias y actitudes negativas generalmente ocurren dentro del seno familiar, mediante el ejemplo que proveen los adultos, Por eso vemos familias enteras repitiendo un mismo patrón de conducta que solo conduce al fracaso.

Artículo originalmente publicado en el portal financiero Argentarium.com