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Educación para todos

Por: Katherine Aquino Pérez

Psicóloga Clínica. Certificada en Neuropsicología Clínica aplicada y Neuropsicología aplicada a los procesos cognitivos

Como psicóloga clínica, una de las lecciones más valiosas que he aprendido a lo largo de estos años trabajando en el área de la evaluación y rehabilitación neurocognitiva abarcando los trastornos

del neurodesarrollo, trastornos del aprendizaje, trastornos neurológicos y enfermedades neurodegenerativas, en niños con diversidad funcional, es que, los limites los pone la sociedad. La capacidad de aprendizaje de un niño no debería estar restringida a lo que nosotros como adultos entendemos como impedimentos y por supuesto, el entender que cada persona aprende de manera diferente.

Dicho esto, y tomando en cuenta que el término diversidad funcional surge como el inicio de un cambio en la mentalidad de las personas, haciendo referencia a aquellos con condiciones del neurodesarrollo que afectan el funcionamiento y desarrollo esperado del cerebro, el mismo nos ha abierto camino hacia un sistema que promueve la inclusión, la igualdad y el respeto de quienes perciben el mundo de forma diferente.

A pesar de que hoy en día contamos con mucha información acerca de este tema, aun es necesario hacer hincapié en que como sociedad lidiamos con ciertas creencias que encasillan a cualquier persona con una condición como discapacitado, y este, efectivamente es nuestro mayor reto para el desarrollo del sistema inclusivo de nuestro país; si bien es cierto que muchas veces nos encontramos delante de circunstancias adversas que ponen en manos de expertos el trabajar la independencia y funcionalidad del niño, esto no significa que no se puedan forjar ciertas habilidades que le permitan al mismo ser funcional a su manera.

Otro de los retos que nos encontramos en el sistema educativo es el incremento en los trastornos del neurodesarrollo y los trastornos del aprendizaje que se presentan en los niños en edad escolar, tales como el autismo, los trastornos de procesamiento sensorial, la dislexia, la dificultad en el proceso de la lectoescritura y el retraso en la adquisición de los conceptos básicos que conforman las demandas académicas del momento. Por tanto, la demanda de profesionales de la salud mental, capacitados para trabajar con estos casos cada día es mayor, al igual que, la formación de docentes que tengan las herramientas necesarias para responder ante las necesidades de estos niños en un salón de clases.

Así pues, nuestra actualidad cargada de información nos ha abierto una brecha para poder entender cómo funciona el cerebro humano y, por tanto, como los seres humanos perciben su alrededor, lo que ha dado paso a que tengamos una mirada en como los niños con diversidad funcional perciben el mundo y a su vez, como procesan dicha información. Esto, nos da una gran ventaja al momento de impartir o crear dinámicas que promuevan el aprendizaje que servirá como base para el desarrollo académico del niño, ya sea dentro de los centros educativos o de centros terapéuticos.

En consecuencia, he aprendido a no ver una condición sino a un ser humano que tiene necesidades diferentes a las mías y, por ende, actúa, piensa y siente de otra manera; lo que nos lleva a entender que en el campo de la enseñanza estaremos siempre en constante aprendizaje, no solo de cómo mejorar la capacidad para que el niño adquiera nuevos conocimientos sino también de como nosotros mismos estamos en la posición de fomentar y promover una educación para todos.